martes, 7 de julio de 2015

PLAZA DE TOROS EL PASEO (1852)

Ninguna de las miles de personas que cruzan a pie o en automóvil la esquina de las avenidas Rosales y Juárez sospechan siquiera que justo en ese lugar se construyó en 1851 la plaza de toros El Paseo, que costó la cifra de 97 mil 200 pesos y en ella se podía beber desde pulque hasta coñac.

Esta litografía de 1856, también es obra de Casimiro Castro y muestra la estatua ecuestre de Carlos IV en la primera glorieta del entonces Paseo de Bucareli. Del lado derecho se encuentra la plaza de toros del Paseo Nuevo y al fondo se distinguen el Bosque y el Castillo de Chapultepec. En un principio, 1852, esta glorieta se convirtió en un basurero y la estatua fue presa del vandalismo.
Ese mismo año fue colocada frente a esta plaza una de las esculturas más entrañables de la ciudad, nuestro “caballito” tan lastimado hoy en día por autoridades irresponsables y técnicos incapaces. Varias mansiones porfirianas se dejaban ver en los terrenos de esta colonia, una de ellas espléndida (ya desaparecida), perteneciente a don Tomás Braniff sobre el primer tramo del paseo de la Reforma; otra, muy transformada, situada en Antonio Caso y Vallarta, que perteneció a don Guillermo de Landa y Escandón, gobernador de la Ciudad de México; y una tercera de estilo afrancesado con su notable mansarda, que perteneció a don Ignacio de la Torre, que había reemplazado a la plaza de toros mencionada.

(Fragmento del texto publicado en Variopinto No. 25, edición impresa)

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