LA TABACALERA, UNA COLONIA CON HISTORIA
Por Alfonso Nava Chávez
Desde la cúpula del Monumento a la Revolución, parece que las 49 manzanas del barrio nunca se acaban. Igual que su historia y todo lo que tiene por ofrecer.
Hay momentos de la historia que nos hacen creer en el destino. Como aquella ocasión en que ese doctor en Derecho Civil y licenciado en Derecho Diplomático coincibió, en el interior C de la casa número 49 de José de Emparan, con un argentino bastante rebelde llamado Ernesto. La Revolución Cubana, uno de los hechos que marcaron el siglo XX, se gestó en la Tabacalera. Si el abogado era Fidel Castro.
Desde su fundación, hace 115 años, esta colonia es testigo de nuestra transformación social. Los citadinos todavía somos todo aquello que aquí pasó: desde un baile gay clandestino en la época de
Porfirio Díaz hasta masones a la francesa. Somos -hasta cuando no queremos el reflejo del PRIy la prostitución de la zona. También un edificio art decó que conoció la gloria y luego cayó en el olvido. La plaza, moderna y la remodelada, nos representa con todo y las manifestaciones de maestros o electricistas. Somos un palacio que, de tan pretencioso, quedó inconcluso, pero que más tarde encontró cómo mantenerse en pie.
De acuerdo con Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, el área que ocupa la Tabacalera se llamó en tiempos prehispánicos Mazatziutamalco, ya después los españoles le pusieron Zapotlán y barrio del Calvario. El historiador que vivió durante los siglos XVI y XVII también cuenta que por este lugar pasaba un cauce de nombre Tolteca Acalopan, la que según una vieja leyenda saltó Pedro de Alvarado en la Noche Triste. El salto debió ocurrir donde hoy cruzan las calles Puente de Alvarado y Jesús Terán, muy cerca del desaparecido Tívoli del Eliseo y de la calle Rosales, en la que nació Carlos Monsiváis.
Fotografía: Jesús Peña

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