jueves, 21 de enero de 2016

EL VERDADERO DRÁCULA

Por novelas y películas asociamos a Drácula con un vampiro sádico pero refinado y romántico, que regresa de las tinieblas en busca de cuellos jóvenes que alimenten su eterno deambular por la noche de los tiempos. El Drácula real fue diferente y desde luego nada romántico, aunque sí hubo mucha sangre en su vida.


Vlad III, más conocido como Vlad Dracul o Vlad Tepes (“el Empalador”), señor feudal de los Cárpatos, fue un príncipe de Valaquia, territorio de la actual Rumanía, que vivió en el siglo XV y aterrorizó a sus súbditos con asesinatos en masa.

Se cree que liquidó a más de 100.000 personas, aproximadamente el 20% de la población, y que disfrutaba asistiendo a muertes lentas que incluían torturas, descuartizamientos y, sobre todo, empalamientos, de donde le viene su siniestro apodo, pero no parece probable que mordiera cuellos.

Fue un tirano y un guerrero cruel, pero no un vampiro. Esa cualidad le fue atribuida en las narraciones germánicas y rusas inspiradas en la mitología rumana del vampirismo.

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